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Propuesta
Nuestra propuesta educativa
El Colegio del Sur ofrece desde 1991 una propuesta educativa sólida y renovadora para niños de un año de edad hasta sexto de primaria.
¿Por qué sólida? Porque no intentamos partir desde cero, sino beneficiarnos de la experiencia y de las enseñanzas de muchas generaciones de educadores uruguayos. En particular, recogemos e intentamos enriquecer la Metodología Natural e Integral creada por la maestra Cledia de Mello, de larga trayectoria en el país.
¿Por qué renovadora? Porque, apoyándonos en lo mejor de nuestras tradiciones educativas, nos atrevemos a explorar y a cambiar, buscando nuevas y mejores maneras de establecer puentes entre nuestros alumnos y el mundo que los rodea.
Creemos en una educación que ayude a desplegar las mejores potencialidades de cada niño, a su ritmo y a su manera, pero con esfuerzo, trabajo, alegría y creatividad.
Creemos en la importancia de desarrollar la inteligencia, entendida como la capacidad de adaptarse productivamente a situaciones nuevas e imprevisibles. Pero también creemos en el valor de la expresión y de los lazos afectivos, porque ellos son el motor que nos hace sentir, pensar, hacer.
Creemos en la necesidad de dar a nuestros alumnos las herramientas necesarias (como el Inglés y la Informática) para enfrentar un mundo cada vez más exigente, pero también nos importa formarlos en la tolerancia, el entusiasmo, la responsabilidad y el respeto de sí mismos.
Queremos alumnos que, sin dejar de sentirse únicos, consigan integrarse a la sociedad y al mundo que los espera.
Filosofía de la Institución
El principal motor del aprendizaje es la curiosidad: curiosidad por conocer, por hacer, por sentir, por reflexionar, por experimentar. Nuestra metodología de trabajo consiste en servirnos de ese impulso aportado por los alumnos para ayudarnos a avanzar.
Llevados por su propia curiosidad, los niños son capaces de aprender mucho, de desarrollar su capacidad reflexiva y al mismo tiempo, de disfrutar.
Organizar la enseñanza de esta manera es un desafío cotidiano. La curiosidad puede llegar a ser desconcertante y siempre es imprevisible. Pero nuestra convicción es que una escuela debe aceptar ese reto.
No debemos intentar adormecer la curiosidad de los niños para facilitar nuestra tarea. Debemos estimularla y darle cauce porque solo así podremos hacer bien nuestra tarea.
El Jardín de infantes
Muchos padres dudan a la hora de enviar a su hijo o hija a un preescolar. Sienten que el ambiente familiar es insustituible y muchas veces llegan a la decisión por no tener al alcance otra solución. Y tienen razón al pensar que ningún instituto de enseñanza puede sustituir el lugar que ellos mismos tienen en la vida de sus hijos.
Sin embargo, en la actualidad se le reconoce una creciente importancia a la enseñanza preescolar. Cuando se la encara adecuadamente, se trata de un período riquísimo en la vida de los niños, a lo largo del cual crecen y se descubren a sí mismos acompañados por los docentes.
En el Jardín, el niño juega, canta, baila, pinta, dibuja, modela, habla, dramatiza. Así va reconociendo su propio cuerpo y sus posibilidades de expresión. También desarrolla el lenguaje oral y escrito, al tiempo que descubre sus capacidades intelectuales mediante la observación, la investigación y la experimentación.
Pero lo fundamental es que en este proceso no está solo, sino rodeado de sus pares. Con ellos establece relaciones de afecto, comparte intereses y aprende a comunicarse. También descubre lo que es ser solidario y respetar los límites que los otros le señalan.
En el Colegio del Sur los niños realizan todas estas actividades en un clima de juego y trabajo, de libertad y de respeto mutuo, en permanente comunicación con la familia. En este ambiente de seguridad y confianza, el niño se siente valorado y aprende a relacionarse con armonía.
Importancia de la Educación Preescolar
El hogar es el lugar privilegiado de aprendizaje, siendo los padres los educadores más permanentes que tiene el niño a lo largo de su vida. No obstante ello, los padres necesitan ya en el período preescolar de sus hijos, el apoyo de un centro educativo que complemente a la familia en sus funciones relacionadas al crecimiento y desarrollo de la persona.
Es imprescindible que la familia y el centro educativo respondan a las necesidades del niño de manera integrada, compartiendo valores y objetivos comunes, ejerciendo una influencia coherente y armónica sobre el hijo.
Existen diferentes necesidades en los niños pequeños que los padres y maestros debemos tener en cuenta. Una de ellas es la necesidad de vínculos personales que entreguen ternura y afecto, en una relación de confianza. Otra es la necesidad de estabilidad, es decir que el niño perciba cierta constancia y regularidad en las interacciones para adquirir pautas de conducta y entender lo que se espera de él. Esto estaría vinculado a la necesidad de que el adulto le establezca límites, que le delimite espacios para un adecuado crecimiento. Habitualmente asociamos la puesta de límites con reprender al niño o decirle «esto no se hace». Poner límites a un niño es mucho más que eso. Es enseñarle a caminar por el mundo, mostrándole cuál es su espacio y dónde empieza el espacio del otro. Es enseñarle a respetarse como ser humano diferente, único y separado de los demás.
Los límites protegen al niño, lo ayudan a controlar sus impulsos y orientan su conducta dándole la seguridad necesaria para enfrentarse a los desafíos del crecimiento.
En el vínculo que establece el niño con sus pares, padres y maestros, mediante la incorporación de reglas de funcionamiento grupal, es donde se logran las bases para una adecuada articulación entre los límites y los deseos e impulsos.
Un niño que no ha sido entrenado en la incorporación de límites, que ha sido criado con la ilusión de que es posible acceder a todo, no logrará una adecuada adaptación a la realidad, y no podrá tolerar saludablemente las frustraciones ni superar las dificultades y limitaciones naturales que la vida misma le impone.
Ligado a la puesta de límites, otro factor que contribuye a la seguridad personal, es el establecimiento de una rutina ordenada y a la vez flexible en el ámbito familiar y escolar. Se trata fundamentalmente de apuntar a la adquisición de hábitos (de higiene, de alimentación, de disposición al trabajo, etc.) en el niño preescolar, que lo ayuden a organizarse y así dar, en el vínculo con el otro y consigo mismo, lo mejor de sí.
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